La Superliga europea: crónica de una muerte anunciada que duró 72 horas

La noticia que paralizó al mundo del fútbol el último fin de semana, la creación de un torneo alterno a la Champions League, puso en jaque a la UEFA y FIFA. Ahora, de los 12 clubes fundadores sólo quedan tres. A Florentino y Agnelli los han abandonado.

Este ambicioso torneo se venía gestionando desde hace dos años, entre Andrea Agnelli y Florentino Pérez, junto a Anas Laghari, secretario general de la ahora fenecida Superliga, y hombre de confianza del mandamás del Real Madrid, además de socio de Key Capital, el fondo de inversión que está detrás del proyecto.

Todo se precipitó (hasta su óbito) por la necesidad inminente de mayores ingresos económicos, producto de la severa crisis que viven los grandes clubes por el covid-19 y la ‘burbuja del fútbol’… pero ¿Sólo los ricos lloran? ¿Qué hay de los clubes más modestos?

La lucha de poderes entre los clubes más poderosos de Europa contra los entes rectores del fútbol mundial y europeo, estaba declarada. La razón, es tan simple como clara, el dinero. Florentino Pérez, (presidente de la Superliga) lo manifestó en el programa español, ‘El Chiringuito‘.

«Una de las razones por las que nosotros hacemos esto es para salvar el fútbol, salvarlo en general. Intentaremos empezar lo antes posible. Nosotros vamos a hablar con la UEFA y con la FIFA, no sé por qué se tienen que enfadar. Cuando digo salvar al fútbol es salvar a todos», arrancó diciendo el mandamás del Real Madrid para justificar la creación de esta apócrifa liga.

La verdad es que este torneo era cerrado y elitista. Sólo participarían 15 equipos, los fundadores, que son los más hegemónicos y poderosos en Italia, España e Inglaterra. Junto a cinco clubes invitados. Esto al día de hoy es una utopía, un sueño imposible de cumplir para los aún, obstinados: Real Madrid, FC Barcelona y Juventus, los únicos clubes que se mantienen firmes en que se materialice esta copa.

Ayer, como un castillo de naipes se derrumbó el sueño de realizar este polémico proyecto. El mundo del fútbol (jugadores, técnicos e hinchas) salieron a protestar a las calles y estadios para clamar al unísono: «el fútbol es para los hinchas». Una verdad dogmática que se ha perdido hace décadas. Ya que el balompié se ha vuelto una ‘maquinaria despiadada de marketing y dinero‘.

Es risible ver a actores tan cínicos y controvertidos como, Aleksander Čeferin (presidente de la UEFA) y Gianni Infantino (FIFA) salir a los medios indignados, clamando por la esencia del deporte, las buenas costumbres, y de respetar el juego limpio de la instituciones. La FIFA, el organismo máximo del fútbol, ha estado envuelto en casos de corrupción desde su origen, en Zúrich, en 1904.

Desde la designación de Joao Havelange en 1974 hasta la renuncia por corrupción (comprobada por la justicia de EE.UU) de Sepp Blatter. La opinión pública y los medios especializados sabemos de la clase de oscuridad que mueven los hilos del fútbol mundial. Todo esta novela es sólo una lucha de poderes entre los magnates de los principales clubes de las cinco grandes ligas, en contra de Čeferin e Infantino por mayores ingresos económicos en la inmensa torta, que significa, los derechos televisivos y publicitarios.

Hinchas ingleses reclaman en las calles la creación de la Superliga.

Estos contratos multimillonarios los manejan las instituciones de estos dos señores. Es por eso que Florentino y compañía al estar ahogados por la crisis económica que vive el mundo por la pandemia, y además, por la ‘burbuja’ que ellos mismos han creado, al pagar siderales cifras por pases de jugadores y remuneraciones, ven que su negocio se está yendo a la ruina.

El fútbol y los hinchas ganaron esta batalla, no Čeferin e Infantino, y mucho menos, la FIFA y UEFA. La renuncia del ‘Big Six‘, del Inter, y hace horas, del AC Milan, es producto del clamor popular del activo más importante del balompié: el aficionado. Imágenes como las de ayer, de seguidores del Chelsea reclamando a las afueras de Stamford Bridge, las pintas de los fanáticos del Liverpool, Tottenham y City. Demuestran que el fútbol todavía, y así debe ser, pertenece a la gente, jugadores y entrenadores. Larga vida al ‘deporte rey’.

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